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jueves, 29 de julio de 2010

Viaje a los misterios de Haiti


Por Manuel Carballal

En pleno caribe, entre tópicas palmeras y playas de aguas cálidas existe un país símbolo de magia y misterio. Compartiendo isla La Española con la paradisíaca República Dominicana, pocos turistas se aventuran a cruzar la frontera haitiana. Haití es el país de los zombies, el vudú y la magia. Una experiencia excitante solo para los viajeros más audaces.

A finales de marzo de 1995 el presidente Bill Clinton visitaba Haití para presidir el "cambio de guardias" de las tropas norteamericanas por las de la ONU en el país. Mas de 4000 haitianos se dieron cita en la Plaza del Palacio Nacional de Puerto Príncipe para asistir al acto encabezado por el presidente Jean-Bertrand Aristide, repuesto en el poder de Haití con la intervención de 20.000 soldados norteamericanos en octubre de 1994. Cuando el presidente norteamericano terminaba su discurso sobre la intervención militar en la isla caribeña, una paloma blanca se posó junto a su micrófono, lo que produjo que miles de personas estallasen en gritos y aplausos ante tan diáfana "señal de aprobación" de los dioses. Los loas del vudú habían aceptado a Clinton. Y con esa "inocente coincidencia" miles de haitianos dejaron a un lado su rencor por el nuevo invasor blanco, acatando los deseos de los dioses. Y es que el vudú es el principal poder en Haití. Y nadie osará contrariar los deseos de los loas, o lo que se interprete como dichos deseos.

Desde el dictador Duvalier, hasta el General Cedrás, ningún dirigente haitiano se ha atrevido a descuidar la todopoderosa influencia de la magia y religión vudú en Haití, y el presidente Aristide no es una excepción. A pesar de haber sido sacerdote católico, el pasado 19 de julio y tras haberse entrevistado con varios houngans (sacerdotes) y mambos (sacerdotisas), anunciaba oficialmente la construcción de un gran templo vudú en la capital. De esta forma Aristide igualaba la religión vudú a otras religiones, al otorgar a los voduístas una "catedral" equiparable a las iglesias bautistas, los templos masones, o las parroquias católicas que abundan en Haití.

Cualquier turista puede disfrutar en Haití de las playas caribeñas de Cabo Haitiano, de paisajes tropicales como los de Hinche, de monumentales ciudades como Jacmel o de las cálidas aguas del Lago Enriquito, pero si quiere comprender la esencia, sentimiento e historia del pueblo haitiano, deberá dejar a un lado sus prejuicios occidentales y sus esquemas racionales, para adentrarse en el abstracto e impredecible mundo de la magia, los zombie y el vudú. Una ruta alternativa para viajeros audaces dispuestos a enfrentarse a lo irracional, lo incomprensible y lo inenarrable.


LAS RUTAS DE LA AVENTURA

La isla de La Española acoge dos países con muchas diferencias y pocas similitudes. Dos terceras partes de la isla son la República Dominicana, donde los herederos de una colonia española intentan construir una sucursal europea abierta a un turismo sereno, que busca la armonía de las palmeras y las playas del Caribe. El tercio restante es Haití, la primera república negra del Nuevo Mundo que arrebató su libertad a los colonos franceses a golpe de machete y cuchillo. El país más pobre de América y uno de los más mágicos del mundo.

Los vuelos desde España no llegan a Haití. Una vez en los aeropuertos dominicanos de Puerto Plata o Santo Domingo, el viajero puede optar entre tres posibles medios de transporte para llegar a Haití. Un avión a Puerto Príncipe, las guaguas dominicanas o haitianas, o alquilar un coche y aventurarse en las destartaladas carreteras de La Española. Evidentemente la tercera alternativa es la más recomendable para los viajeros audaces que deseen empaparse en el espíritu y la cultura del país.

Ya en carretera los más prudentes optarán por cruzar la República Dominicana en dirección a Puerto Príncipe por el sur. Dejando atrás Santo Domingo, San Cristóbal y Bani, circularán por buena carretera para entrar en Haití, bordeando el hermoso lago Enriquito, por la frontera de Gemaní. Cuatro horas desde Santo Domingo hasta Gemaní y una hora más hasta Puerto Príncipe llenas de vistas y pueblos típicos y tópicos, en los que notaremos un oscurecimiento gradual de la piel de los nativos, y un acento cada vez más afrancesado a medida que nos acerquemos ha Gemaní.

Pero los más audaces pueden aventurarse por la carretera del norte, una travesía digna del Camel Trophy que paradójicamente han bautizado como "la internacional". El engañoso título no se refiere a una cómoda y moderna autopista, sino a una dura carretera de tierra, barro y polvo, que cruza ríos, montañas y valles marcando la frontera entre Haití y República Dominicana. Muy recomendable utilizar todoterreno en esta alternativa de viaje, de lo contrario más de una vez habrá que sacar los coches del barro a golpe de músculos y palancas. Nueve horas y media de aventura separan Puerto Plata de Elías Piña, frontera haitiano-dominicana. En este caso el viajero debe apañárselas para llegar a "la fortaleza" (cuartel de la policía/militar) de Santo Pacheco antes de las 18/00, hora límite para recoger el pase que deberá presentar en los cuatro controles militares, y entregar en Pedro Santana para que le autoricen a seguir viaje. Entre ambos pueblos 60 kilómetros de infernal carretera que, con suerte, cruzará en unas cuatro horas. Esto supone un buen entrenamiento para lo que le esperará en las "carreteras" haitianas.


EL ENCUENTRO CON EL VUDÚ

En Elías Piña el viajero podrá hospedarse en uno de los dos hoteles del pueblo. Por apenas 500 pesetas encontrará una habitación, naturalmente sin agua caliente (a veces ni fría) ni electricidad salvo por algunas horas al día. Es una buena manera de adaptarse al cambio de cultura que le espera tras la frontera. Los mismos dominicanos se refiere a Haití con manifiesto racismo como "país de negros primitivos, supersticiosos y salvajes". La todopoderosa influencia de las iglesias cristianas -fundamentalmente evangélicas- en República Dominicana ha alentado la repulsa de los dominicanos por el país del vudú y sus "salvajes ritos paganos" (¿?).

En la frontera de Elías Viña debemos cambiar de medio de locomoción. Los coches de alquiles dominicano no pueden entrar en Haití, y se presenta una nueva opción, de nuevo solo recomendable para los viajeros intrépidos: los motoconchos. Motoristas haitianos que se ponen a disposición del viajero para transportarle por todo el país a través caminos que no aparecen en los mapas, cruzando selvas, ríos y cualquier obstáculo que se ponga por delante. Con frecuencia la "velocidad de crucero" no sobrepasará los veinte kilómetros por hora, sobretodo por los pinchazos, roturas de cadena, o simplemente por que la noche nos pille en ruta y, como es de esperar, el faro de la moto no funcione y el piloto conduzca con la única luz de las estrellas. Pero sin duda, esta es la mejor forma de conocer de cerca, muy de cerca Haití. Sobretodo si algún derrape termina con los huesos del viajero en el impío suelo.

A solo diez minutos de motoconcho desde la frontera de Elías Piña nos encontramos con uno de los hounfor -templo vudú- más importante de la región este, la casa del houngán Manuel Sánchez Elié.

Mezclando el creole -idioma haitiano de origen francés- con el dominicano, Elié nos introducirá en la religión vudú. En uno de sus rituales compartimos banquete con importantes políticos, militares y otras personalidades haitianas y dominicanas. Una patrulla de marines norteamericanos, el Gobernador de Cachimán, el ex-alcalde de Elías Piña y varios altos mandos del ejército dominicano asisten con nosotros a un típico ritual de vudú rada -una de las manifestaciones menos duras del vudú-.

Ritmo frenético de tambores. Danzas convulsivas. Cantos y letanías que suenan a tierras de Africa. Sin un instante de duda uno de los ayudantes del houngán descarga un certero mandoble sobre el animal del sacrificio, y el inocente carnero es decapitado mientras la sangre nos salpica a todos los presentes. La religión vudú es así. Una mezcla imprecisa de sangre, música y estética.

La noche anterior el houngán y un pequeño grupo de ayudantes salieron del hounfor en plena noche rumbo al cementerio. A pesar de nuestra insistencia se nos prohibió participar en esa excursión nocturna. Al parecer solo un grupo de iniciados podían asistir a la ceremonia que se desarrollaría en el campo santo. Además de invocar a Bravo, el Barón Samedhí, el Barón La Croix, y otros loas -dioses- del cementerio, serían "recogidos" cráneos y restos humanos que deberían ser utilizados en el ritual de la noche siguiente.

Cuando, por la mañana, visitamos el cementerio por nuestra propia cuenta nos encontramos varias tumbas abiertas y varios ataúdes reventados. En los días sucesivos veríamos muchos cementerios haitianos en similares condiciones. Esto es normal en Haití, donde la muerte no es el final...


EL PAÍS DE LOS MUERTOS VIVIENTES

Uno de los mitos inseparable del vudú es el de los zombie; los muertos vivientes. El cine americano de serie B o los videoclips de Michael Jackson, nos han transmitido una imagen poco real de los muertos vivientes. Porque los verdaderos zombie, que los hay, no son esqueletos descarnados que salen de sus tumbas para asesinar a jóvenes excursionistas. Numerosos médicos, psiquiatras y antropólogos han estudiado el mito zombie encontrándose con una fascinante y aterradora realidad.

Es imposible mencionar esta perspectiva científica del misterio sin traer a colación la obra del antropólogo, etnobotánico y biólogo de la Universidad de Harvard, Wade Davis; "El Enigma Zombie". "El Enigma Zombie", obra que valió a Davis su doctorado, e inspiró la película "La Serpiente y el Arco iris", narra las investigaciones que desarrolló este "Indiana Jones de la vida real" (como lo calificó la prensa mundial) en Haití, en torno a los legendarios zombies; los "muertos vivientes".

Wade Davis comenzó su investigación sobre los zombies en abril de 1982, y se prolongó durante varios años con la ayuda del Social Science and Humanities Research Council of Canada, la International Psychiatric Research Foundation, la Wenner-Gren Foundation for Anthropological Research y la National Science Foundation.

A pesar del escepticismo e incluso la repulsa con que la mayoría de los científicos, incluyendo los médicos haitianos, trataba el mito de los "muertos vivientes", Davis y sus patrocinadores supieron atisbar una realidad de gran interés científico oculta por el velo del misterio y la superstición. No era la primera vez que se documentaba médicamente un caso de zombificación, pero en ocasiones anteriores el pretencioso despotismo científico había ahogado el interés de esos casos bajo calificativos como "tonterías de negros", "supercherías", "mitos populares", etc. Y si existía un certificado de defunción de un individuo que era hallado de pronto deambulando por las calles de Puerto Príncipe, se atribuía a una confusión, un fraude o un error médico. Todo el mundo sabe que no se puede regresar de la muerte...

Pero en esta ocasión no solo existían los historiales clínicos y certificados de defunción de Clarvius Narcisse y Ti Femme, sino que sus respectivas familias y vecinos los reconocieron.

Clarvius Narcisse murió en 1962. Tras una sintomatología creciente, Narcisse ingresó en el hospital haitiano Albert Schweitzer, en Gonaives, un martes. Tenía nauseas, mareos, tos y respiraba con dificultad. Al día siguiente entró en agonía y poco después moría. Su certificado de defunción está firmado por tres médicos de dicho hospital. El cadáver de Narcisse fue enterrado y, con el tiempo, olvidado. Sin embargo, en 1980, --18 años después de morir- Clarvius Narcisse apareció en su antigua casa vivito y coleando.

Excepcionalmente, para los casos de zombies, Narcisse conservaba una cierta lucidez y la capacidad de expresarse, y pudo explicar como había estado consciente durante todo el tiempo que duró su muerte y entierro. Había escuchado a los médicos certificar su defunción. Había sentido la sábana cayendo sobre su cara al considerarlo cadáver. Había oído a su hermana llorar sobre su ataúd. Incluso conservaba aún una herida en la cara provocada por un clavo que atravesó la tapa del féretro rasgando su rostro. Y después el terrible silencio y la oscuridad del cementerio. Después, según contaba Narcisse, escuchó la voz del bokor (el brujo vudú) pronunciando su nombre. Fue desenterrado y salvajemente golpeado, y después conducido a una plantación en Ravine-Trompette, en el otro extremo del país. Tras la muerte de su amo, todos los zombies habían escapado vagando sin rumbo por la isla.

El caso de Francina Illeus (conocida por el apodo de Ti Femme) era similar. Aquejada de serios trastornos digestivos fue ingresada en el Hospital Saint Michel de l'Attalaye. Unos días después de recibir el alta, el 23 de febrero de 1976, fallecía en su casa, siendo expedido el certificado de defunción con esa fecha.

Años después su propia madre reconoció a Ti Femme, que estaba más viva que nunca, por una marca de nacimiento que tenía en la sien. La conmoción de esa reaparición motivó que se exhumase el cadáver para intentar resolver el misterio. El ataúd estaba lleno de piedras...

Evidentemente estos casos de zombie, avalados por un historial clínico y certificados de defunción oficiales resultan terriblemente incómodos para la medicina. La única justificación racional, aparentemente, es que los médicos que han certificado la muerte de zombies son una pandilla de incompetentes, o bien los supuestos zombie son unos farsantes que han suplantado la identidad de personas fallecidas. Porque la tercera posibilidad rozaba lo increíble; que la brujería permitiese matar a un ser humano y luego revivirlo para utilizarlo como esclavo es sencillamente inadmisible. ¿O no?

Davis y sus patrocinadores creían, acertadamente, que entre las fórmulas mágicas, los hechizos y sortilegios vudú, y los ungüentos y filtros de los brujos podía esconderse un secreto de extraordinarias posibilidades médicas. Un excepcional anestésico capaz de limitar las constantes vitales del cuerpo hasta el límite de una muerte aparente, imposible de reconocer por ningún médico, y un antídoto que permitiese "revivir" al "muerto" en su tumba, provocándolo además una amnesia permanente y un estado alucinatorio constante, que lo convirtiese en un dócil, sumiso y obediente esclavo del bokor.

Tras establecer contacto con houngans y bokors (brujos vudú que podríamos traducir maniqueicamente como "magos blancos" y "magos negros", aunque tal diferenciación es absurda en el culto vudú) haitianos, Davis pudo acceder a algunos de los secretos del vudú, entre ellos el polvo zombie.

Lejos de ser producto de extraños sortilegios esotéricos, la zombificación es producto de una excepcional aplicación de la química natural por parte de los bokor. El polvo zombie es un compuesto elaborado a partir de un sin fin de productos de origen vegetal, animal y humano que, mezclados en su exacta proporción, producen el veneno más fascinante de la brujería afroamericana. Extractos de plantas, huesos humanos, tarántulas, sapos venenosos, gusanos y otros ingredientes no menos pintorescos forman parte de ese polvo zombie cuyo principal elemento radica en tetradotoxina contenida en el pez-globo. La tetradotoxina es el veneno de origen animal más potente que existe. Conocido ya en Japón, el pez-globo es un exquisito manjar que los cocineros nipones consideran un auténtico plato de lujo. Pero precisamente la mortífera toxicidad de los ovarios de las hembras, que solo un chef experto sabe identificar, ha provocado numerosos casos de muerte por envenenamiento en restaurantes japoneses.

La precisión con que los bokor utilizan ese peligroso veneno, junto con el centenar de ingredientes que componen en polvo zombie resulta asombrosa. Y sus efectos pueden notarse a lo largo de todo el país. Las seis horas de camino que separan Belladere (primer pueblo haitiano tras cruzar la frontera) de Puerto Príncipe nos permitirán cruzar numerosos pueblos y aldeas, como Hinche, donde se han localizado zombies. Desde la destartalada guagua podremos atisbar cementerios con numerosas tumbas profanadas, e incluso algún ataúd, ya vacío, abandonado entra las lápidas tras haber arrancado de la "muerte" al desafortunado zombie.

Entre las plantaciones de caña o bananas es posible que podamos observar algún hombre de aspecto descuidado y mirada perdida que trabaja sin descanso. Quizás ante nosotros tengamos a un desgraciado zombie.


MAGIA, MAGIA Y MAGIA

Cualquier pueblo haitiano ofrece mil posibilidades al viajero para conocer una forma de vida radicalmente distinta. La absoluta indigencia no es impedimento para la sonrisa constante en los rostros. El SIDA, que mata 15 personas diariamente solo en Puerto Príncipe, las lluvias tropicales que enfangan los mercados, o las carencias alimenticias no pueden eclipsar la ilusión y esperanza que el vudú insufla en el corazón del pueblo haitiano.

Jacmel es una hermosa villa colonial situada a dos horas al sur de Puerto Príncipe. Sus calles y edificios recuerdan un pasado de esplendor francés en Haití. Ahora las viejas casas destartaladas, y los antiguos almacenes de esclavos han sido reciclados. En unos se celebran las típicas peleas de gallos, en las que un animal lo suficientemente fuerte puede hacer ganar sus buenas gourdas (moneda haitiana) a su dueño; en otros pasan consulta toda una suerte de hechiceros, curanderos y adivinos vudú; otros acogen sectas e iglesias masonas o evangélicas de todo tipo; otros sirven de almacén-tienda-taller para los numerosos artesanos y pintores de Jacmel, etc.

Y aunque Jacmel es conocido por sus playas caribeñas y su típica artesanía haitiana, también es el emplazamiento donde algunas de las más reputadas mambos (sacerdotisas vudú) mantienen sus hounfor. Con un poco de suerte el viajero podrá asistir a alguna ceremonia de vudú Petro, o vudú Ghede, las ramas más duras de la religión haitiana, donde la sangre del sacrificio, la posesión de las hounsi, y el frenético redoble de los tambores nos transportarán a otro mundo fantástico donde el único limite es el de nuestra imaginación...

Por MundoMisterioso.com
Publicado Martes, Junio 12, 2001

jueves, 22 de julio de 2010

VUDU CARIBEÑO: LOS LOASES

LENGLESÚ

Se auto identifica cuando se posesiona de un caballo. Se caracteriza por ingerir grandes cantidades de ron, sobre todo de aguardiente de caña con picante. Su manyé-luá incluye un verraco y todo tipo de viandas. Ese animal es degollado, como si fuese un chivo. Se abre un hueco en la tierra donde se depositan una botella de ron, viandas y otras cosas que se le ofrezcan en la comida. Encima de todas ellas, se derrama la sangre del animal sacrificado. En dicho hueco se depositan, finalmente, las partes ofrendables de aquél : la cabeza, las cuatro patas, el rabo y el corazón. La comida confeccionada con el resto del animal puede ser ingerida por los asistentes a la fiesta.
Lenglesú es un lúa diablo. Es "violento y maligno". Cualquier compromiso establecido con él que se incumpla puede costar la vida.
Se aprecian diferencias en cuanto a las partes que se le ofrendan a este luá en Haití y en Cuba: en el hermano país caribeño se le incluye en el manyé parte de la lengua y de las orejas, así como las patas delanteras y la extremidad de la cola; los pedazos de carne no deben ser cocinados con sal.
Es presentado Lenglesú como el lúa del arco iris y Blinginsú "marcha" o camina con él.
Existen dos Lenglesú más: Lenglesú Damá y Lenglesú Vasensá, con rasgos o caracteres diferentes a los del primero

DJAB MONTAÑE

Como su nombre lo indica, se trata de un lúa diablo: se le llama a las doce de la noche, en el centro del monte y se le ofrenda un macho sin castrar o verraco, de color grisáceo. Su ofrenda se cocina entera y se deposita donde vive; en ella se incluye una variedad común de viandas.
De figura llamativa, del tamaño de una palma, agita sus enormes y largos brazos cuando se mueve. No puede "montar", pues, en el interior de una casa por sus descomunales dimensiones. Lo hace sólo en el bosque. No se distinguen sus facciones al manifestarse, pero se ve que lleva una enorme cadena atada a la cintura.

SAINT MICHEL ARCÁNGEL

Santo que se utiliza en el hogar "como respaldo de la casa; siempre hay que tenerlo en la puerta". Aparta o vence las "malas corrientes" que puedan ser dirigidas contra una familia.
Según el canto que se le dirige en la ceremonia, es presentado como un intermediario de los Zanges (los santos vodú), ante Dios y la virgen María.


MACUTO
Luá traído de Haití. Es varón. Porta un machete y una yaba.

CICLÓN
Luá diablo. Cuando se posesiona de su caballo, se necesitan veinte o treinta personas para controlarlo, pero a todas puede levantarlas. Posee una furia y poder descomunales.
ABORÍ

Luá diablo.

MAMÁ GUÁ o MANAGUÁ
Equivale a mamá abuela.

DIVISIÓN
En cada grupo de luases afines debe haber un jefe que los dirija: a ése se le
denomina División. En el asentamiento cubano-haitiano de La Caridad, hay una practicante voduista, caballo de este santo. Se le identifica cuando se posesiona de ella por los cantos que le corresponden, uno de los cuales dice así:
¡División mayí-colá-oh, oh
¡División mayí-colá-oh, oh!
¡División mayí-colá-oh, oh!
¡División mayí-colá eh, eh egué!

OBBÁ LOMÍ
Su vestuario es blanco e incluye una pañoleta de ese mismo color. Usa una falda larga y su bebida preferida es melosa, no alcoholizada. Porta como atributo también un collar. Es la reina de la ceiba, árbol donde reside su poder. Si no pertenece a la categoría de los luases diablos, guarda estrecha relación con ellos.
Como animales de sacrificio se incluyen en su manyé un chivo y un pollo negro. Los alimentos se le depositan en una canasta. Se trata de una antigua divinidad venida de África y que en Haití, recibe el nombre de Congó Azuecá. Junto con los miembros de la familia de los Ogún, es especialista en artos adivinatorias y trabaja mucho con las barajas.



SANTOS ACUATICOS


Aunque a primera vista parezca que en vodú existe un debilitamiento en el culto a la serpiente proveniente de los antiguos whydah del Dahomey, en las prácticas voduistas observadas se aprecia un número considerable de luases con rasgos que denuncian el poderío de ese culto. Se atestiguan que Gran Búa al desplazarse silba y hay varios santos que se cuelgan de las ramas de los árboles o que se arrastran por el suelo como si fuesen un ofidio.
Nunca se usa una serpiente viva en las prácticas voduistas. Entre los espíritus acuáticos se ponen de manifiesto los aludidos rasgos, a veces sutilmente.

ZAÚ PEMBÁ
Al presentarse, se echa al suelo y de inmediato hay que echarle mucha agua a su paso. Él prácticamente se arrastra por el fango, al tiempo que "canta". Ingiere grandes cantidades de bebidas alcohólicas, lo que hace por botellas, de un solo sorbo. Así es como realiza su trabajo: al brindar, se dirige a los interlocutores para decirles francamente: "Yo no tengo amigos, no me relaciono con nadie". Desaparece de la vista pública y se introduce en el río, donde es difícil de hallar, allí puede pasarse días enteros y reaparecer nadando. Es invocado a las doce de la noche. Como nunca existen condiciones para darle su manyé, él envía un miembro de su corte. Parece estar dotado de poderes prominentes en el orden de una inteligencia ordenadora, basado en la cual organiza y dirige las curaciones.

DAMBALLAH
Algunas veces se presenta como hombre y, otras, como mujer. Cuando lo hace como santo, se dice que es el rey de los santos guerreros, Criminel o Togó, En su segunda variante, aparece como una santa vestida de blanco que pide, en vez de ron, agua de azúcar.
Su alimento característico es el maíz tostado. Entra cantando tranquilamente, se muestra muy contenta con todo el mundo y santigua a los concurrentes.
Cuando Damballah silba no cobra por el trabajo que realiza. En su ofrenda se incluyen chivos de pelambre amarilla, ( giro) o colorado y viandas de todos los tipos .

CULÉV

Su ceremonia se realiza en el río. Los animales que se le sacrifican son los curieles, los cuales se introducen en una lata de donde son extraídos para matarlos con un cuchillo. Un poco de su sangre se echa en un frasco y se mezcla con perfume para el uso de los hijos del altar. También come fruta de pan. Es un santo que según los informantes fue traído de Haití.


SIMBÍ
En Haití se le considera el guardián de las fuentes y los mares. Simbí come en el río. Allí se le debe realizar su servicio. En su manyé se incluyen una pareja de pollos pintos y viandas (yuca, plátano, malanga, etc:) y un poquito de arroz blanco.
LA SIRENA Y LA BALLENA DE MAR
La Sirena y la Ballena son dos divinidades marinas tan estrechamente unidas que se les venera juntas y se les celebra con el mismo canto. Unos dicen que la Ballena es la madre de la Sirena, otros que ella es su marido y, en fin, otros que esos dos nombres se aplican a una sola y misma divinidad. Se representa a la Sirena conformé a la tradición europea, pero cuando ella aparece en el santuario, la persona que es poseída por ella es solamente una mujer joven, coqueta, muy cuidadosa de su tocado .
En una reciente investigación realizada en la República Popular de Angola, constatamos un fuerte culto a la sirena -representada convencionalmente de la forma antes mencionada- de origen kikongo. Los informantes de las comunidades haitianas aseguran que esta divinidad es un santo blanco, hombre, que vive en el mar.

ERCILÍ O SANTA CECILIA
En Haití existen dos Ercilí principales: Ercilí Dobá o Dogbá que es uno de los grandes luases del país, símbolo de la pureza, y Ercilí Fredá o Ercilí Freda Daromain que, como la anterior, se le identifica con la virgen María.
Todas las demás divinidades son consideradas como hermanas de la primera, en cuya ceremonia se realizan aspersiones en la tierra y el aire con perfume. Por sus veleidades y sensualidad sin embargo, se le considera como una especie de Afrodita antillana, con lo cual se le asemeja a la Ochún cubana , "diosa del amor sexual y patrona de Cuba”.
Pero si el color simbólico de ésta es el amarillo, el de Ercilí es el blanco: se trata de un espíritu marino que se desgajó de su cuerpo acuático para devenir en signo cultural de alcance más vasto. Hay que consignar que, como ocurre con otros luases hay otras Ercilí que se le contraponen en cuanto a rasgos caracterológicos.
En Republica Dominicana, esta divinidad recibe el nombre de Metré Silí y tiene gran renombre. Posee muchos de los trazos de la divinidad haitiana :es muy débil a los perfumes, a las prendas y a los trajes lujosos y caros. Odia la bebida y se deja arrastrar por la atracción masculina.
Esta misma divinidad, en punto petró. es "la única metresa que se presta para recoger corrientes malas cuando utiliza flores amarillas o de sol".
Se han podido registrar dos tipos de Ercilí : una, de claro sello rada y otra, que bien puede equipararse con la Ercilí-Yeux-Rouges (Erzulie Ojos Rojos), de tipo petró. La primera va enteramente de blanco, detesta las bebidas alcohólicas y delante de su vista no pueden realizarse sacrificios cruentos: además tiene como pareja a Ogún Bátala u Ogún Guerrero, en su manyé lúa se incluyen palomas blancas, cake y bebidas dulces, entre otros alimentos. A despecho de esta primera clase de Ercilí localizada en las montañas de la Sierra Maestra, en la provincia de Las Tunas se constata un culto a la Ercilí roja: en su ceremonia se producen sacrificios de animales y su caballo viste con este color simbóliCO.