Mostrando entradas con la etiqueta culto gemelos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta culto gemelos. Mostrar todas las entradas

martes, 5 de octubre de 2010

EL CULTO A LOS MARASSÁ










(Fuente desconocida)

Los haitianos no tienen un sólido cuadro esquematizado del mundo sobrenatural. Es por ello que no establecen separaciones ni categorías rígidas para los seres que habitan. Eso lo ilustran fehacientemente los Marassá, Mellizos o Gemelos: se trata de una categoría especial de divinidades, en cierto modo, "aparte de los otros espíritus".
Los gemelos (Marassá), vivientes y muertos, son investidos de un poder sobrenatural que hace de ellos seres de excepción. En el panteón vodú, un lugar privilegiado les está reservado al lado de los grandes misterios.
Hay quienes pretenden que los Marassá son más poderosos que los loas. Ellos son invocados y saludados al comienzo de una ceremonia; después, en ciertas regiones, notablemente en Léogane, la presiden.
En el servicio vodú cerca de Plaisance, se comprueba lo dicho en el sentido de que en una misma ceremonia son invocados por separado a los loas, a los muertos, a los Marassá y a Dios. En él, después de los preparativos del manyé y del trazado del vévé, los oficiantes dirigen su atención a los Mellizos.
En el norte de Haití no existe un culto independiente para "los muertos" y para los Mellizos, a los cuales en ninguna ceremonia se les puede pasar por alto. "Desde que ambos [tipos de muertos] protegen y persiguen a los miembros de una familia, en correspondencia con el tratamiento que reciban, se ha hecho esencial que les sean dados en su honor elaboradas fiestas nocturnas, ritos funerarios, numerosos toques, misas católicas y ceremonias vodú" .
No obstante, los Gemelos son altamente reverenciados en vida.
A los efectos de poder notar los puntos coincidentes y las diferencias existentes entre el vodú haitiano y el que actualmente se practica en Cuba, es necesario que nos detengamos en la ceremonia. En ella los participantes se ponen sus ropas rituales, trazan el vévé y entonan esta canción:


Haz el vévé para mí, por favor...
La familia que toma sangre,
¿No ves que son inocentes?
El sacerdote se dirige a prepararles la comida a los Gemelos, toma dos o tres cestas cubiertas con paños blancos y mezcla maíz crudo, maní tostado, plátanos no cocinados o fritos, ñames, arencas, pan, confituras, berenjena, cereales, millo, coco, frijoles, mastuerzo de agua, todo tipo de licores y café. Cuando todo está listo, comienza a cantar:



¡La familia está reunida!
Dossú, Dossa, Gemelos-Marassá
Si tú crees que he comido ya
¡La miseria caiga sobre ti!


El sacerdote invita a los Mellizos a asistir a la ceremonia y canta otra canción en su honor:
Gemelos, aquí hay bebida y comida
Dossú, Dossa, Gemelos-Marassá
Mi vida está en las manos de Dios.



Un tercer canto a los Mellizos es ofrecido antes de presentarles el manyé:



Gemelos, Gemelos
Dónde ustedes están comiendo.

Mientras los tamboreros tocan un ritmo, el oficiante pone parte de la comida dedicada a los Gemelos en un recipiente de calabaza. La ofrenda se deposita en los árboles, las corrientes de agua, las encrucijadas y en todos los lugares conocidos por ellos. Hecho esto se canta:


Gemelos, he aquí la comida
que les entregamos.


Los Gemelos tienen la costumbre cuando a ellos se la da [la comida]
de decir que no han comido. Después de este responso, se les implora que se retiren y dejen a la familia sola:


Váyanse, Gemelos,
¡Gemelos del bosque, vuelvan a la floresta!
Váyanse, Gemelos
¡Gemelos del agua, vuelvan al agua!
Váyanse, Gemelos
¡Gemelos de casa, quédense en casa!
Váyanse, Gemelos
¡Gemelos de las encrucijadas,
Permanezcan en las entradas!





Cerca de las siete en punto, el hungán consagra los lugares arriba mencionados, que las entidades sobrenaturales gustan visitar, lo hacen con aspersiones de hojas de naranja sumergidas en agua bendita. Luego hace libaciones y lanza maíz al viento. Todo esto sucede al compás de los tambores y sólo recesa al dirigir el sacerdote a los presentes un breve responso, de corte protestante. Ahora él hace sonar la campanita y de inmediato sus asistentes tocan otros instrumentos y baten las banderas ceremoniales, lo cual constituye el saludo a los espíritus. Siguen canciones, algunas de evidente sesgo católico, y toques, hasta que la ceremonia da paso a la invocación a Legbá, venerado por su edad y carácter y que debe ser el primero en acudir a ella.
Otro tipo de celebración muy diferente a la anterior, es la siguiente: la familia que tiene gemelos, vivos o muertos, deberá ofrecerles un manye- marassá una vez al año, el Día de Reyes, el Sábado Santo o en Navidad. El sacrificio es el acostumbrado, con la única singularidad de que debajo del peristilo el número de platos de los Mellizos puede llegar a ser fácilmente cincuenta. Se depositan aquí la sangre de los sacrificios y las ofrendas de alimentos. Se sacrifican a los Marassá o Masa un chivo de pelo pardusco y gallina pintas. La distribución de la cena debe ser muy exquisita, porque, de cometerse algún desliz en ello, levantaría la furia de alguno de los miembros de esta grey tan susceptible. Algunos comen en un plato. Otros prefieren que la comida descanse sobre una hoja de plátano o sobre una estera. "No pueden tener a la vista cuchillos, tenedores o cucharas".
La comida de los Gemelos se termina con el mismo rito con el que a veces cierra la fiesta para los muertos. Los restos de las ofrendas son mezclados en una calabaza grande o perol de madera. Una hounsi da tres vueltas al peristilo. El recipiente que lleva sobre la cabeza y después de haberles preguntado si estaban contentos, lo deja a su glotonería. Ellos se echan sobre esta pitanza como vuelo de pájaro y se disputan el contenido. Se les ordena, sin embargo, no romper los huesos con los dientes.
Si la comida es preparada para gemelos vivos, éstos son naturalmente los primeros en comer y solamente cuando están saciados, se ofrecen los restos a los invitados: se les aclama y no se cesa de preguntarles si están satisfechos.
A los manyé-masá siempre se comienza con una ceremonia de cumplimiento destinada a los muertos, en especial dedicada al espíritu de algún difunto de la familia. En ella se sigue el formato de una misa espiritista, con la diferencia de que los rezos son realizados en créole y no siempre son los mismos. Pero no se mezclan alimentos algunos.

Los Mellizos haitianos se odian mutuamente, igual que aquellos denominados Géminis en el zodíaco, cuyo símbolo —dos pedazos de madera atados juntos—"es figurativo del irreductible conflicto de procesos mentales contradictorios". Asimismo están investidos de poderes sobrenaturales o excepcionales: se ofrecen numerosos ejemplos de su capacidad para realizar maleficios y encantamientos. En Cuba, a los orichas de origen yoruba conocidos como los Ibeji, y más popularmente como Jimaguas, hijos clandestinos de Ochún y Shangó, se les estima por sus excepcionales poderes mágicos. En este panteón religioso cubano, a las divinidades gemelas se les incluye entre aquellas que han quedado "en un segundo plano de relevancia" y se las caracteriza así: transculturados en San Cosme y San Damián son jimaguas; protegen a los niños, son niños ellos mismos, como hijos de Changó vencen fácilmente. Sus contiendas se desarrollan con artimañas infantiles y aguda picardía. Son glotones, amantes de golosinas y del vino de palma. Cometen travesuras de todo tipo. Obbatalá los consiente mucho. Se visten como su padre Changó, de blanco y rojo.
En los manyé-masá observados, se les ofrece una atención particular a los niños, en los que se ponen de manifiesto las evidentes analogías existentes entre ellos y los mencionados orichas. Las características de éstos se asemejan bastante a las de los Masa. Por último, observamos que, al final de la ceremonia que se va a describir, se lanzan restos del manyé u ofrenda en algunas direcciones del : bosque, con el objetivo de que coman de él los santos vodús, los espíritus ancestrales y demás seres sobrenaturales.
El manyé dedicado a los Masa, como son designados en Cuba los Gemelos, es una de las comidas ceremoniales más atractivas del vodú, tal vez por el lugar jerárquico tan elevado que ocupan estos santos y por la estimación que se les tiene. Esta ceremonia posee rasgos particulares que deben ser destacados.
El altar y la ofrenda
En la mañana del día de la "comida" principal, se dispone el altar en uno de los dormitorios de la casa de vivienda de la familia. A la entrada de la pieza se coloca en el suelo y justo en la esquina derecha un recipiente con agua.
Cuando uno accede a la habitación, se observan los componentes de la ofrenda próximos a las paredes de tablas y otros objetos litúrgicos.
A la izquierda, encima de unas hojas de plátano han sido colocados dos huevos, cacao, yuca y otras viandas y, a continuación en la misma dirección, maí mulé, arroz crudo, una planta cuyo nombre se desconoce y arroz con leche; a la derecha, un jibe cubierto con una tela blanca encima de la cual hay panes, café, leche, arroz con leche y otro recipiente cuyo contenido no se distingue, y, a continuación diversos dulces, como turrones de maní otra vez arroz con leche y al final algunas rebanadas de pan. Al lado izquierdo del jibe han depositado un pequeño recipiente con "agua bendita". Al igual que a ambos lados del improvisado y rústico altar, se destacan dos jarros grandes de aluminio con agua, aunque uno de éstos contiene, además, azúcar. En la parte superior del altar permanece encendida una vela.
Son las diez de la mañana. El hijo del hungán ordena que se levanten y lleven a la habitación a todos los niños. El resto de los familiares se coloca alrededor del altar y el sacerdote se sienta en su pequeño asiento frente a él. Los niños entran y salen con un margen muy grande de espontaneidad; el hungán, en ocasiones, les da dulces del canastillo.
El grito de ¡Abobó! que pronuncia el hijo del sacerdote marca el comienzo de la ceremonia. El coro le responde con otro ¡Abobó!. De ahora en adelante, como es habitual, se mantendrá esta estructura antifonal en el canto: el solista pone el primer canto.
La peurillé, pourlá'e' est bien
je demandéz pardó...
cuando el coro le responde, dice:
La peurillé, pour les Masá...

El joven, mientras canta, agita la maraca ritual (o assón), rítmicamente. Con ello se significa que es él quien conducirá la ceremonia.
En cuanto al aspecto musical, el único instrumento acompañante es la guataca, percutida con un tornillo (triyán). Uno de los hijos del hungán que toca este instrumento es quien, precisamente, "pondrá un canto" que da inicio al sacrificio.
En medio del canto el oficiante da órdenes de "bambulear" las aves. La mayor de las hijas del hungán les va arrancando a cada una de ellas las plumas, y las arroja al altar. Luego les da de comer y vuelve a bambolear los animales alrededor del altar. Mientras, el joven que conduce la ceremonia, corta los extremos de las yucas y hace con ellos un montoncito. El hungán reparte; los dulces entre todos los niños que lo rodean.
No se debe dejar de consignar algo muy significativo, al conjuro de los cantos y toques, y en general de la atmósfera creada, el joven sacerdote se ha convertido en la cabalgadura de un loa: en Criminel. Éste es quien ordena a todos ponerse de pie. Es evidente que el hungán también es poseído por otro loa , Lacuá, y es él quien ayuda a dar de comer a las aves, se las pasa por el cuerpo y danza con ellas. Luego se las pone en la cabeza y las sostiene allí verticalmente.
El oficiante más joven le hace una incisión en el cuello a un ave y derrama la sangre en una jigüera; luego le va dibujando una cruz en la frente a cada uno de los participantes con la sangre tomada del cuello del animal que hirió. Dibuja ese mismo símbolo en el horcón situado en la esquina del altar, al fondo. Finalmente, arrojan las aves sacrificadas encima de las hojas de plátano y el joven sacerdote esparce sobre ellas agua azucarada y café. La mambó vierte asimismo agua en el centro y los costados del altar, con esto se da paso a una de las partes de la ceremonia que requiere de una explicación ulterior:
la del "sacrificio de dinero".
El joven sacerdote está cantando una canción en tono triste que invoca la asistencia de loas que no se han presentado; le arranca lágrimas y entonces pide que reúnan a los niños. Surge la letra de otra canción:
Lafamí bien piesa
Lafamí bien piesa
¡Oh, lafamí
c'est luá Masá...

Automáticamente cada uno de los miembros de la cofradía va depositando un billete con valor de un peso sobre las viandas y luego el dinero se echa en el altar. El joven oficiante clava el cuchillo del sacrificio en el suelo, justo frente al altar, mientras el viejo hungán canta una canción lúgubre, sumido como en un sueño meditativo. Se escucha un canto:
Ye dilá c'est Jamué
Ye dilá c 'est Jamué
c'est demain u tata
je dit u pad prend.

Evidentemente, el viejo hungán sirve de cabalgadura a los Masa, loas a los que se les ha realizado el servicio.
Éste incluye la confección de una sabrosa comida que debe ser servida en pedazos de yagua e ingerida sin usar cubiertos, es decir, empleando las manos u otros objetos que remplacen a aquellos. Este pasaje genera un ambiente festivo y de participación colectiva y tiene lugar en la tarde.
Sin embargo, hay un detalle muy significativo: hay una parte de la comida que se confecciona sin sal y ésa está destinada a "darle de comer a otros santos en el palo", mientras que parte de la que tiene sal se deposita en el altar. Finalmente, se repite en este manyé una operación frecuente en otras comidas: algunos miembros de la cofradía lanzan al monte fragmentos de los alimentos con la clara intención de que coman de ellos todos los espíritus.

jueves, 29 de julio de 2010

SIMBOLOGIA EN LA CONCEPCIÓN DEL MUNDO WACI:TOGO


EL DUELO DE LA VIDA Y LA MUERTE


El pensamiento cosmológico de los wacì se caracteriza por una infinidad de relaciones simbólicas. Cada fuerza está personificada y cada cosa es percibida como ligada a un universo que palpita. Una serpiente pitón abraza la tierra. Un número está celoso de otro. Una constelación es “seno fecundo”. El agua extingue el fuego y derrota a la fiebre… En el fondo, la voluntad de vivir y de exorcizar el final.
.
Por P. Bruno Gili






Los wacì son una etnia del sur de Togo que suman unas 300.000 personas. Son agricultores y viven de los productos de la tierra. Tienen afinidades ligüísticas, religiosas y sociales con los pueblos limítrofes (gê, minà, éwé, fon, adjà), cuya cultura han asimilado, aunque mantienen aspectos propios.

Quien estudia su cosmovisión y su religión (vodú) queda impresionado por la presencia de infinitos símbolos, hasta el punto de tener que decir que cada cosa es signo de cualquier otra. Números, colores, lugares, duración de los ritos, ordenación del cosmos, indumentaria (o desnudez), naturaleza, animales (sobre todo los vinculados al vodú o reconocidos como tótem) adquieren significados más amplios que los literales o externos.

Algunos números tienen gran importancia. El tres indica estabilidad. Dicen: “Un taburete necesita al menos tres pies para estar derecho”. El tres es también el número de la virilidad, del niño nacido con parto podálico (ago), y del cielo (masculino). La tierra, entidad femenina, está asociada al número cuatro (imperfecto), pero “alcanza” el número siete –sinónimo de perfección y símbolo de fecundidad– con su conjunción con el cielo, y por ello puede dar al hombre todo lo que necesita. Incluso el vodú del rayo (hebiesso) no puede enviar sus saetas y matar a alguien si no “alcanza” el siete, es decir, si la fuerza de la tierra (cuatro) no se junta con la del cielo (tres).

Tres son los años que pasa un novicio en el recinto sagrado, antes de terminar su iniciación. El rito agbowugbe (“inmolación de los carneros”) tiene lugar “el tercer día”; el rito ahwadagbe (“preparación de la guerra”), que concluye las ceremonias que se exigen para la erección del túmulo vodú, se celebra el séptimo día. Cuatro y siete son los meses que pasan los novicios en el recinto sagrado antes de su “salida” para volver a la familia.

EL SEIS "ENVIDIA" AL SIETE

El seis presenta caracteres ambiguos. Como múltiplo de tres, posee aspectos positivos de fuerza, de solidez y estabilidad, de gran equilibrio. En relación con el siete, símbolo de la absoluta perfección, es “anormal” e indica lo insólito. “Envidia” al siete y desea ocupar su lugar, denotando de ese modo desprecio de sí mismo y búsqueda de perfección. Símbolo de lo inacabado, es maestro y rey del desorden y de lo monstruoso. Cuando no está presente el siete, manda el seis. Por otra parte, toda realidad “tiene que pasar por el seis” antes de “tocar el siete”: si no existiese el desorden, incluso el orden no podría ser percibido y venerado como perfecto.

Unido al calor del sol en su cenit, el seis está “escondido” en una membrana pelviana y quiere salir de su “cáscara”. Así se conecta con los niños toxosu, los que nacen con graves malformaciones físicas. Estos niños “monstruos” son asociados a las aguas de los estanques y de los ríos, a los que son “restituidos”, ahogándolos en ellos para luego recuperar allí los cuerpos y darles un culto en el rito nexusue. Estos niños de aspecto “estrambótico” son manifestaciones de un vodú “extraño” en sus comportamientos, llamado él mismo nexusue. “Estrafalarios” son también los tiempos y los ritmos de los ritos mezclados con éste, como también son las vestimentas de sus adeptos: a los hombres y mujeres “consagrados” a él se les permite la desnudez y se les impone el uso de un “extravagante” gorro de fieltro, estilo europeo, para que lo lleven en los últimos tres o siete meses del periodo iniciático antes de dejar las “insignias sagradas” y vestir como los demás (“los laicos”).

El número siete representa un papel en el rito del videto (o “salida del niño” después de su nacimiento): realmente, son otras tantas las idas y venidas que se deben realizar desde la choza hasta el corral con el recién nacido en brazos, antes de que pueda ser aceptado oficialmente por la comunidad familiar o la del clan. “Contar hasta siete” es la regla en el desarrollo de los diversos ritos de iniciación y en los sacrificios.

Ya he aludido al cuatro, como número de la feminidad de la tierra. Cuatro son también los días en los que las muchachas antes de la iniciación permanecen en estado de trance en la choza sagrada, llamada hudo (“nido del vodú”). Los varones, a su vez, perseveran en esta “muerte sagrada” durante siete días.

Entre los wacì, la geomancia o técnica adivinatoria presume de dieciséis representaciones principales, alguna de las cuales se desarrolla en 15 subrepresentaciones (llamadas vikle). El total es 256, número “mágico”, símbolo de fecundidad, de lo que es “manifiesto” y “debe realizarse”.

Otro número significativo es el dieciséis. Es el de los meses de calendario tradicional (algunos, sin embargo, son considerados “no fecundos” y por tanto, el verdadero cálculo comienza desde la quinta luna, con la aparición de las pléyades). El treinta y tres es también frecuente en los ritos de la divinidad afà: considerado como repetición del tres, es afirmación de la estabilidad de la vida, la cual, sin un conocimiento adecuado del afà, quedaría a merced de la casualidad, de la oscuridad y de la desgracia.

El cuarenta es símbolo de sufrimiento, de reclusión y de cambio. Cuarenta (o mejor “cuarenta más uno”, donde el uno es exigido por el legba, entidad caótica y “brazo secular” de la ley, que golpea y mata en nombre de los vodú) son las conchas que forman el collar que se entrega a los iniciados a la salida del recinto sagrado; otras tantas son las enfermedades que puede enviar el vodú a un recalcitrante o a una persona que, consciente o no, infringe sus leyes o renuncia a hacerse iniciar; cuarenta más uno son también los modos “anormales” de nacer.

DA, LA SERPIENTE PITÓN

El universo es concebido como una inmensa calabaza hueca: la tierra es la copa, el cielo la tapadera. Cielo y tierra son de polaridad opuesta: masculino, caliente y seco el primero; femenina, húmeda y fresca la segunda. Pero son complementarios. El calor del sol y la frescura del agua determinan todo tipo de fecundidad. La comunicación entre los dos (y entre los respectivos vodú) se hace posible a través de una serpiente que se hace visible en el arco iris (considerado como un vodú, llamado anyievo, o “pitón gigante de la tierra”). Se piensa que es tan grande como para poder unir el cielo con la tierra. De naturaleza andrógina, este animal es considerado como símbolo del bienestar y manifestaría su “dualidad” en los colores más vivos del arco iris, es decir el rojo y el azul, colores ambos que aparecen en el cuerpo de los iniciados que se preparan para someterse al rito del tudede (o desatadura de las leyes iniciáticas). La inmensa serpiente pitón se muerde la cola para impedir así una posible “explosión”. Tiene también dientes y garras semejantes a las del cocodrilo (animal asociado al vodú del rayo).

La forma de la serpiente se puede encontrar en otras realidades terrestres: el mar con sus olas, la tierra con sus valles y colinas. Incluso la mujer, por la sinuosidad del seno y de las caderas, evoca a una “serpiente erecta”. La serpiente pitón es respetada y venerada como tótem en muchos clanes: nunca se la debe pisotear ni matar. Da (“la serpiente”) constituye con hebiesso y agbui (entidad del mar) una tríada especialmente sagrada.

Una mujer encinta que sueña con serpientes teme que sean anormales sus partos (y, por ello, manifestaciones de los vodú): podría dar a luz hijos deformes, gemelos, gelesosi (albinos, literalmente “caídos de la mano del rayo”; se piensa que, por eso, están “chamuscados”) o lumo (niños que “huyen a gatas” apenas salen del vientre materno). Si el cordón umbilical se parece a una serpiente enroscada, al recién nacido se le llama kenù: de mayor llegará a ser una persona luchadora y segura de sí misma.

CALIENTE Y FRÍO

Los wacì consideran que el mundo es un conjunto orgánico constituido por cuatro elementos: tierra, cielo, fuego y agua. Si el agua desciende (allí está su depósito), el fuego proviene de la tierra, pero está unido al cielo mediante el rayo. El calor y la frescura determinan los momentos del día. Pero también está presente en los animales (que pueden ser de sangre fría o caliente), en las plantas y en las piedras. Las hierbas, plantas y arbustos se denominan ama (literalmente “legumbres”), pero también algunas piedras se pueden denominar con este término. Los pequeños meteoritos caídos del cielo, por ejemplo, son “portadores de fuego”, como lo son las piedras que contienen hierro. Con este mineral se construyen utensilios y armas con las que es posible “herir” el suelo materno o matar personas. En este sentido, armas y utensilios están “ligados al fuego”.

Los utensilios vinculados con el vodú también son llamados adanu (instrumentos de cólera). Este término se refiere a los adaha, que son los cánticos que se ejecutan en los tiempos especialmente sagrados, definidos así por su estrecha relación con la cólera. Este sentimiento tiene su sede en el intestino. Una persona arrebatada de cólera dice Me do dome dzo (“tengo el fuego en el vientre”). Otros sentimientos menos violentos del adanu también tienen vínculos con el fuego, pero residen en el corazón. La persona airada dice: Me bi dzi (“tengo el corazón encendido”).

La fiebre se explica como presencia del fuego en la sangre. Este “ardor” debe encontrar su punto culminante (o crisis) antes de poder ser “atacado” por el agua para reconducir la sangre a su temperatura normal. El sentimiento de la paz, sin embargo, se traduce con la expresión “frescura de la piel” y la sensación se atribuye al agua.

Las “peleas” entre fuego y agua comprobables en el cuerpo de un individuo exigen contrastes mucho mayores en el plano del cosmos. Un mito cuenta que el sol, la luna y la tierra vivían juntos; luego el sol se peleó con la tierra, la luna discutió con el sol y riñó con la tierra. Incluso hoy, con ocasión de un eclipse se dice que “los tres se pelean”. Este continuo “conflicto” inserto en la creación condiciona al hombre, el cual debe recurrir a los ritos situtu o afladodo para recomponer la armonía después de una riña y reencontrar la inserción en la comunidad.

El fuego y el agua se emplean en muchos ritos. Su “lucha” es ritualizada, pero de tal modo que deje de ser “pelea” para convertirse en “integración”. En el rito ahwadagbe (o “gran celebración del fuego” bajado del cielo mediante el vodú hebiesso), los iniciados se arriman al fuego sagrado y piden el poder posesionarse de él para continuar en la tierra “la gran lucha del vodú” contra los disgregadores del orden social y cósmico. El papel del vodú es salvaguardar este orden para que los hombres no desaparezcan de la tierra, y el sol, la luna, las estrellas y la tierra no “caigan” de sus “horcaduras”, sobre las que ruedan dulcemente, y “se aplasten uno contra otro”, provocando la destrucción del cosmos. A pesar de estar en lucha, el fuego y el agua piden a la persona que sea nutifafa (“portadora de paz”), para que todo el cosmos encuentre la misma “frescura” (paz) que advierte en su propia piel cuando es rociada por el agua.

TIERRA Y PLÉYADES

En la cosmovisión wacì todo es vida y fuerza, pero todo puede ser también fuente de muerte. La selva está habitada por duendes (agé) y torbellinos (aziza), que pueden desvelar los secretos de la naturaleza y de sus hierbas medicinales, así como hacer perder el camino, llevar a la locura o causar la muerte. El termitero, con sus infinitos meandros que pululan de vida es el “refugio del vodú”: sus numerosas cavidades aluden a la misma “cavidad del vodú” (la boca profunda excavada para depositar allí lo que contribuye a formar el vodú), en la que éste actúa en el más absoluto secreto. La sabana es el “lugar del fuego”, habitada por los simios, tótem de los gemelos (vinculados también con el fuego).

Vivir en un “universo que late”, exige el conocimiento de unas reglas y la observancia de unos preceptos. Incluso los gestos humanos más íntimos están regulados por ellos. Si la tierra es “madre”, la corteza terrestre es la piel de su “cuerpo materno”. Por ello, tener relaciones sexuales sobre su cuerpo desnudo, sin la barrera de una estera, llega a ser incesto. Las consecuencias serían nefastas: enfermedades, desgracias, anomalías físicas y psíquicas en el hijo concebido.

Pero hay una “matriz” todavía mayor. La representada por las pléyades. Esta constelación, que trae consigo las lluvias “benéficas y fecundas”, simboliza la “gestación continua” que da fecundidad a la naturaleza y eficacia a los ritos sagrados. Incluso las hierbas medicinales, si se recolectan cuando no es visible la constelación, pierden gran parte de su poder curativo. Las pléyades representan una proye-cción de la madre universal invisible llamada bomeno (“madre del mundo de Bome”). Este mundo se distingue del ghetomé (“mundo de aquí abajo” o “círculo de la vida”) y del fetomé (“mundo de los antepasados”). El tomé (“círculo”) es una figura geométrica perfecta por ser “cerrada”: como “la gran serpiente pitón”, que abraza a la tierra e impide la expulsión de lo que contiene en su interior. Los tres mundos (bomeno, ghetomé y fetomé) forman un gran tomé, en el que todo es complementario y está integrado.

El círculo es también símbolo de la tradición: siempre fiel a sí misma, no puede ser representada por una línea recta tendida hacia delante, sino por una circunferencia sin interrupción. En la celebración de los ritos se subraya que su eficacia proviene del hecho de que se repiten en la manera en que los ejecutaban los antepasados.


Fuente:


http://www.combonianos.com/MNDigital/revista/junio/togo.html

jueves, 22 de julio de 2010

MARASSA: la energía doble

Escrito por:
Bon Mambo Racine Sans Bout Sa Te La Daginen
Tengo alguna información para compartir con ustedes, amigos! Hemos hecho el serviciopara Legba, y el próximo en la lista son los Marasa. Luego Loko y Ayizan, que la fiesta para Ayizan en nuestro grupo en Nueva Orleans corresponde el 20 de junio.LosMarasa son dos niños. Ellos son atendidos en el rito Vodou Rada, justo después de Legba. Ellos no tienen nombres que sean conocidos. Están representados en el Vodou por la imagen católica de San Cosme y San Damien.Todos los gemelos son marasa, idénticos o fraternales. Un niño nacido de sexo masculino después de los gemelos se llama un "dosu", una niña nacida después de los gemelos es llamado "Dosa".Los gemelos se consideran esencialmente como una persona que milagrosamente se duplicó a sí misma de alguna manera. Es fundamental para la comprensión del poder de los gemelos Marasa que cada persona es un ser completo, de tamaño normal, no son dobles de la mitad del tamaño de una normal.Invocamos a los Marasa para que nos bendigan, y también nos den sus poderes en la práctica de la magia.Se considera que los gemelos humanos tiene cierta cualidad magica, incluso sin iniciación.Por ejemplo se puede considerar que una persona que nace con alguna extremidad o miembro extra como un gemelo, ya que esa es la parte de su hermano, que se encuentra en su interior y solo una pequeña parte de el ha podido salir.Una persona que tiene un gemelo que no sobrevivió, ya sea en el momento del nacimiento omás tarde, sigue siendo Marasa.Los Marasa son alimentados con los alimentos comunes para los niños, los jueguetes también les son ofrecidos, y es curioso que cuando alguien es poseído por alguno de ellos la voz es la de un niño. Ellos son muy golosos, comen en abundancia, y no se puede dar por terminado su ritual si ellos no estan satisfechos.A menudo se alimentan en un "Gamel BWA", que es un cuenco de madera, pero no redondaen lugar de un largo ovalada, a veces dividida en dos compartimentos.De entre los objetos del altar de los Marasa incluyen figuras de arcilla en representación de los gemelos, tazones y objetos de todas clases divididos en dos.También hay Marasa Petro, que son trillizos! Sonrepresentados por la imagen de "Las Tres Virtudes" (ustedes saben, la fe,Esperanza y Caridad), o "Las Tres Mujeres de Egipto".Cuando invocamos a los Marasa, estamos invocando el poder de la duplicación. SiEstoy trabajando magia, e invoco los Marasa, no es que me envíe la mitad de energía aqui y la otra mitad a otro lado, envía a este lugar una doble cantidad de energía de un sólo intento.A diferencia de Legba, que implica la duplicación de reflejos y de imágenes, los Marassa es la duplicidad en el aspecto físico, ya que son dos niños en vez de uno. Así invocando a los Marassa no sólo tenemos una doble fuerza espiritual si no doble manifestación material.En la pagina del foro de "vodou arts" voy a preparar un servicio para los Marassa, pueden consultarlo en: http://groups.yahoo.com/group/Vodou_Arts/message/5912
Antes de hablar de temas como los veves y los altares, quisiera "duplicar" este trabajo haciendo una meditación guiada en mi siguiente post, y voy a recomendar a los practicantes algunas formulas para soñar y obtener energía de los Marassa.
Amor y paz,
Bon Mambo Racine Sans Bout Sa Te La Daginen
"Se bon Ki ra" - Dios es raro
Proverbio Haitiano
VODOU Page -
http://members.aol.com/racine125/index.html

MARASSA: Los niños que juegan bajo la lluvia

El culto a los Masa, Marassá, Gemelos o Mellizos

Los haitianos no tienen un sólido cuadro esquematizado del mundo sobrenatural. Es por ello que no establecen separaciones ni categorías rígidas para los seres que habitan. Eso lo ilustran fehacientemente los Marassá, Mellizos o Gemelos: se trata de una categoría especial de divinidades, en cierto modo, "aparte de los otros espíritus".Los gemelos (Marassá), vivientes y muertos, son investidos de un poder sobrenatural que hace de ellos seres de excepción. En el panteón vodú, un lugar privilegiado les está reservado al lado de los grandes misterios.Hay quienes pretenden que los Marassá son más poderosos que los luases. Ellos son invocados y saludados al comienzo de una ceremonia; después, en ciertas regiones, notablemente en Léogane, la presiden.En el servicio vodú cerca de Plaisance, se comprueba lo dicho en el sentido de que en una misma ceremonia son invocados por separado a los luases, a los muertos, a los Marassá y a Dios. En él, después de los preparativos del manyé y del trazado del vévé, los oficiantes dirigen su atención a los Mellizos.En el norte de Haití no existe un culto independiente para "los muertos" y para los Mellizos, a los cuales en ninguna ceremonia se les puede pasar por alto. "Desde que ambos [tipos de muertos] protegen y persiguen a los miembros de una familia, en correspondencia con el tratamiento que reciban, se ha hecho esencial que les sean dados en su honor elaboradas fiestas nocturnas, ritos funerarios, numerosos toques, misas católicas y ceremonias vodú" .No obstante, los Gemelos son altamente reverenciados en vida.A los efectos de poder notar los puntos coincidentes y las diferencias existentes entre el vodú haitiano y el que actualmente se practica en Cuba, es necesario que nos detengamos en la ceremonia. En ella los participantes se ponen sus ropas rituales, trazan el vévé y entonan esta canción:Haz el vévé para mí, por favor.La familia que toma sangre,¿No ves que son inocentes?El sacerdote se dirige a prepararles la comida a los Gemelos, toma dos o tres cestas cubiertas con paños blancos y mezcla maíz crudo, maní tostado, plátanos no cocinados o fritos, ñames, arencas, pan, confituras, berenjena, cereales, millo, coco, frijoles, mastuerzo de agua, todo tipo de licores y café. Cuando todo está listo, comienza a cantar:¡La familia reunida!Dossú, Dossa, Gemelos-MarassáSi tú crees que he comido ya¡La miseria caiga sobre ti!El sacerdote invita a los Mellizos a asistir a la ceremonia y canta otra canción en su honor:Gemelos, aquí hay bebida y comidaDossú, Dossa, Gemelos-MarassáMi vida está en las manos de Dios.Un tercer canto a los Mellizos es ofrecido antes de presentarles el manyé:Gemelos, GemelosDónde ustedes están comiendo.Mientras los tamboreros tocan un ritmo, el oficiante pone parte de la comida dedicada a los Gemelos en un recipiente de calabaza. La ofrenda se deposita en los árboles, las corrientes de agua, las encrucijadas y en todos los lugares conocidos por ellos.Hecho esto se canta:Gemelos, he aquí la comidaque les entregamos.Los Gemelos tienen la costumbrecuando a ellos se la da [la comida]de decir que no han comido.Después de este responso, se les implora que se retiren y dejen a la familia sola:Váyanse, Gemelos,¡Gemelos del bosque, vuelvan a la floresta!Váyanse, Gemelos¡Gemelos del agua, vuelvan al agua!Váyanse, Gemelos¡Gemelos de casa, quédense en casa!Váyanse, Gemelos¡Gemelos de las encrucijadas,Permanezcan en las entradas!Cerca de las siete en punto, el hungán consagra los lugares arriba mencionados, que las entidades sobrenaturales gustan visitar, lo hacen con aspersiones de hojas de naranja sumergidas en agua bendita. Luego hace libaciones y lanza maíz al viento. Todo esto sucede al compás de los tambores y sólo recesa al dirigir el sacerdote a los presentes un breve responso, de corte protestante. Ahora él hace sonar la campanita y de inmediato sus asistentes tocan otros instrumentos y baten las banderas ceremoniales, lo cual constituye el saludo a los santos vodú. Siguen canciones, algunas de evidente sesgo católico, y toques, hasta que la ceremonia da paso a la invocación a Legbá, dios muy venerado por su edad y carácter y que debe ser el primero en acudir a ella.Otro tipo de celebración muy diferente a la anterior, es la siguiente: la familia que tiene gemelos, vivos o muertos, deberá ofrecerles un manye- marassá una vez al año, el Día de Reyes, el Sábado Santo o en Navidad. El sacrificio es el acostumbrado, con la única singularidad de que debajo del peristilo el número de platos de los Mellizos puede llegar a ser fácilmente cincuenta. Se depositan aquí la sangre de las víctimas y las ofrendas de alimentos. Se sacrifican a los Marassá o Masa un chivo de pelo pardusco y gallina pintas. La distribución de la cena debe ser muy exquisita, porque, de cometerse algún desliz en ello, levantaría la furia de alguno de los miembros de esta grey tan susceptible. Algunos comen en un plato. Otros prefieren que la comida descanse sobre una hoja de plátano o sobre una estera. "No pueden sufrir la vista de cuchillos, de tenedores o cucharas".La comida de los Gemelos se termina con el mismo rito con el que a veces cierra la fiesta para los muertos. Los restos de las ofrendas son mezclados en una calabaza grande o perol de madera. Una hounsi da tres vueltas al peristilo. El recipiente que lleva sobre la cabeza y después de haberles preguntado si estaban contentos, lo deja a su glotonería. Ellos se echan sobre esta pitanza como vuelo de pájaro y se disputan el contenido. Se les ordena, sin embargo, no romper los huesos con los dientes.Si la comida es preparada para gemelos vivos, éstos son naturalmente los primeros en comer y solamente cuando están saciados, se ofrecen los restos a los invitados: se les aclama y no se cesa de preguntarles si están satisfechos.A los manyé-masá siempre se comienza con una ceremonia de cumplimiento destinada a los muertos, en especial dedicada al espíritu de algún difunto de la familia. En ella se sigue el formato de una misa espiritista, con la diferencia de que los rezos son realizados en créole y no siempre son los mismos. Pero no se mezclan alimentos algunos.Los Mellizos haitianos se odian mutuamente, igual que aquellos denominados Géminis en el zodíaco, cuyo símbolo —dos pedazos de madera atados juntos—"es figurativo del irreductible conflicto de procesos mentales contradictorios". Asimismo están investidos de poderes sobrenaturales o excepcionales: se ofrecen numerosos ejemplos de su capacidad para realizar maleficios y encantamientos. En Cuba, a los orichas de origen yoruba conocidos como los Ibeji, y más popularmente como Jimaguas, hijos clandestinos de Ochún y Shangó, se les estima por sus excepcionales poderes mágicos. En este panteón religioso cubano, a las divinidades gemelas se les incluye entre aquellas que han quedado "en un segundo plano de relevancia" y se las caracteriza así: transculturados en San Cosme y San Damián son jimaguas; protegen a los niños, son niños ellos mismos, como hijos de Changó vencen fácilmente. Sus contiendas se desarrollan con artimañas infantiles y aguda picardía. Son glotones, amantes de golosinas y del vino de palma. Cometen travesuras de todo tipo. Obbatalá los consiente mucho. Se visten como su padre Changó, de blanco y rojo.En los manyé-masá observados, se les ofrece una atención particular a los niños, en los que se ponen de manifiesto las evidentes analogías existentes entre ellos y los mencionados orichas. Las características de éstos se asemejan bastante a las de los Masa. Por último, observamos que, al final de la ceremonia que se va a describir, se lanzan restos del manyé u ofrenda en algunas direcciones del : bosque, con el objetivo de que coman de él los santos vodús, los espíritus ancestrales y demás seres sobrenaturales.El manyé dedicado a los Masa, como son designados en Cuba los Gemelos, es una de las comidas ceremoniales más atractivas del vodú, tal vez por el lugar jerárquico tan elevado que ocupan estos santos y por la estimación que se les tiene. Esta ceremonia posee rasgos particulares que deben ser destacados.El altar y la ofrendaEn la mañana del día de la "comida" principal, se dispone el altar en uno de los dormitorios de la casa de vivienda de la familia. A la entrada de la pieza se coloca en el suelo y justo en la esquina derecha un recipiente con agua.Cuando uno accede a la habitación, se observan los componentes de la ofrenda próximos a las paredes de tablas y otros objetos litúrgicos.A la izquierda, encima de unas hojas de plátano han sido colocados dos huevos, cacao, yuca y otras viandas y, a continuación en la misma dirección, maí mulé, arroz crudo, una planta cuyo nombre se desconoce y arroz con leche; a la derecha, un jibe cubierto con una tela blanca encima de la cual hay panes, café, leche, arroz con leche y otro recipiente cuyo contenido no se distingue, y, a continuación diversos dulces, como turrones de maní otra vez arroz con leche y al final algunas rebanadas de pan. Al lado izquierdo del jibe han depositado un pequeño recipiente con "agua bendita". Al igual que a ambos lados del improvisado y rústico altar, se destacan dos jarros grandes de aluminio con agua, aunque uno de éstos contiene, además, azúcar. En la parte superior del altar permanece encendida una vela.Son las diez de la mañana. El hijo del hungán ordena que se levanten y lleven a la habitación a todos los niños. El resto de los familiares se coloca alrededor del altar y el sacerdote se sienta en su pequeño asiento frente a él. Los niños entran y salen con un margen muy grande de espontaneidad; el hungán, en ocasiones, les da dulces del canastillo.El grito de ¡Abobó! que pronuncia el hijo del sacerdote marca el comienzo de la ceremonia. El coro le responde con otro ¡Abobó!. De ahora en adelante, como es habitual, se mantendrá esta estructura antifonal en el canto: el solista pone el primer canto.La peurillé, pourlá'e' est bienje demandéz pardó...cuando el coro le responde, dice:La peurillé, pour les Masá...El joven, mientras canta, agita la maraca ritual (o assón), rítmicamente. Con ello se significa que es él quien conducirá la ceremonia.En cuanto al aspecto musical, el único instrumento acompañante es la guataca, percutida con un tornillo (triyán). Uno de los hijos del hungán que toca este instrumento es quien, precisamente, "pondrá un canto" que da inicio al sacrificio.En medio del canto el oficiante da órdenes de "bambulear" las aves. La mayor de las hijas del hungán les va arrancando a cada una de ellas las plumas, y las arroja al altar. Luego les da de comer y vuelve a bambolear los animales alrededor del altar. Mientras, el joven que conduce la ceremonia, corta los extremos de las yucas y hace con ellos un montoncito. El hungán reparte; los dulces entre todos los niños que lo rodean.No se debe dejar de consignar algo muy significativo, al conjuro de los cantos y toques, y en general de la atmósfera creada, el joven sacerdote se ha convertido en la cabalgadura de un lúa: en Criminel. Éste es quien ordena a todos ponerse de pie. Es evidente que el hungán también es poseído por otro lúa , Lacuá, y es él quien ayuda a dar de comer a las aves, se las pasa por el cuerpo y danza con ellas. Luego se las pone en la cabeza y las sostiene allí verticalmente.El oficiante más joven le hace una incisión en el cuello a un ave y derrama la sangre en una jigüera; luego le va dibujando una cruz en la frente a cada uno de los participantes con la sangre tomada del cuello del animal que hirió. Dibuja ese mismo símbolo en el horcón situado en la esquina del altar, al fondo. Finalmente, arrojan las aves sacrificadas encima de las hojas de plátano y el joven sacerdote esparce sobre ellas agua azucarada y café. La mambó vierte asimismo agua en el centro y los costados del altar, con esto se da paso a una de las partes de la ceremonia que requiere de una explicación ulterior: la del "sacrificio de dinero".El joven sacerdote está cantando una canción en tono triste que invoca la asistencia de luases que no se han presentado; le arranca lágrimas y entonces pide que reúnan a los niños. Surge la letra de otra canción:Lafamí bien piesaLafamí bien piesa¡Oh, lafamíc'est luá Masá...Automáticamente cada uno de los miembros de la cofradía va depositando un billete con valor de un peso sobre las viandas y luego el dinero se echa en el altar. El joven oficiante clava el cuchillo del sacrificio en el suelo, justo frente al altar, mientras el viejo hungán canta una canción lúgubre, sumido como en un sueño meditativo. Se escucha un canto:Ye dilá c'est JamuéYe dilá c 'est Jamuéc'est demain u tataje dit u pad prend.Evidentemente, el viejo hungán sirve de cabalgadura a los Masa, loas a los que se les ha realizado el servicio.Éste incluye la confección de una sabrosa comida que debe ser servida en pedazos de yagua e ingerida sin usar cubiertos, es decir, empleando las manos u otros objetos que remplacen a aquellos. Este pasaje genera un ambiente festivo y de participación colectiva y tiene lugar en la tarde.Sin embargo, hay un detalle muy significativo: hay una parte de la comida que se confecciona sin sal y ésa está destinada a "darle de comer a otros santos en el palo", mientras que parte de la que tiene sal se deposita en el altar. Finalmente, se repite en este manyé una operación frecuente en otras comidas: algunos miembros de la cofradía lanzan al monte fragmentos de los alimentos con la clara intención de que coman de ellos todos los espíritus.